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Los paradigmas y la crisis alimentaria

Mario Coca Morante
Jueves, 11 Agosto 2011 2342 visitas

La escasez de alimentos, crisis e inseguridad,  y todo lo que ello implica, parecía ser un fenómeno ya superado en nuestro país. Semejantes situaciones se registraron en diferentes momentos políticos.  Una de estas crisis que todavía queda fresca en la memoria, es aquella de los años ’80. Que en los intentos de recobrar la libertad y democracia, la sociedad conducida por aquella clase denominada “clase política” fue llevada a un abismo de crisis total. En tales momentos, la sociedad, parecía ya no interesarse por la libertad y democracia, sino por los alimentos y la seguridad, que era lo que parecía esfumarse. Recuperarse y salir de este estado de trauma fue al costo del hambre y el sacrificio de la sociedad (por no decir del pueblo, una palabra que al presente ha sido tan devaluada). Después de poco más de 30 años, existe el sentimiento de que algo igual o peor está en el punto de configurarse en la realidad cotidiana de la sociedad, que tiene que ver con la crisis de alimentos, entendida como la escasez de los alimentos y la vigencia de la inseguridad.

 

Aquellos momentos políticos fueron los espacios donde terminaron de germinar las ideas y visiones que posteriormente serian plasmadas en políticas de estado que hoy en día vemos transfiguradas en una crisis. Varios factores coadyuvaron a construir esta realidad, una de ellas es el referido a la aplicación de modelos de desarrollo económico y social. El problema es consecuencia de la aplicación sucesiva de modelos de desarrollo y paradigmas que no sólo no han ido resolviendo el problema, sino los han acumulado. Hoy estamos cosechando lo que se sembró hace mucho tiempo.  La debilidad de las instituciones y de las políticas es continua en nuestro país, a pesar de los distintos trasfondos ideológicos.

 

En Bolivia, a lo largo de más de 60 años, podemos hablar de la aplicación de un modelo dominante de desarrollo agropecuario. Un modelo que ha promovido y consolidado varios aspectos que hacen a la constitución del Estado. Por ejemplo, la configuración de las instituciones, estatales y privadas, acorde al modelo y la ideología de los esquemas en la educación en todos sus niveles que se orienta principalmente al consumo.

 

El panorama de la fortaleza o debilidad de la capacidad productiva agropecuaria regional o nacional, es lo que se ha sembrado y cultivado desde los años de la implantación del modelo instaurado en Bolivia los años ’40, pero, que llega debilitada o maltratada al año 2010. Mal o bien, esa es la situación, del panorama actual, concreto y real. Con instituciones, muchas de ellas ya desaparecidas, por ejemplo el IBTA, otras en trance o agonizantes y otro tanto todavía intactas en esencia, aunque se les haya cambiado el de nombre.

 

Pero, como ocurre en todo momento político, lo que acaba de concluir termina siendo el culpable de todas las desdichas y desventuras que podrían venir, y siempre es condenado como la causa de los males y el culpable de lo que ocurre. Sin embargo, no se puede desconocerlo porque está inscrito en la historia del desarrollo agropecuario de nuestra sociedad y ahí se pueden encontrar muchas explicaciones de lo que ocurre hoy en día.

 

El modelo instaurado en los años ’40, como todo proceso socioeconómico, comenzó a ser presa de sí mismo, de la realidad política y social concreta en la que vivió, y, su desgaste comenzó a anunciarse con los periodos de crisis institucional permanente por la que atravesó el IBTA como la máxima institución de la investigación y extensión en Bolivia. Este desgaste en los hechos ha generado espacios de acción y discusión para la interpelación rural en Bolivia, en desmedro del fortalecimiento del propio Estado.

 

En los últimos 20 años, un poco más o un poco menos, en Bolivia, se produjo un movimiento de discusión sobre los paradigmas para el desarrollo agropecuario y la educación. Y aquella visión con enfoque exactamente contrario al modelo implementado desde los años ’40, comenzó a copar los espacios que vino dejando el modelo “tradicional”.

 

El nuevo modelo que sistemáticamente, luego de cuestionar, generó una nueva visión del desarrollo agropecuario, aquel que en esencia buscó redescubrir la sabiduría de la cultura andina, para construir sobre esta base un nuevo paradigma de desarrollo agropecuario en los andes. Los últimos 10 o 20 años, han servido para redescubrir sabidurías y valores de la cultura andina y hoy podríamos sentirnos casi en la cúspide de este proceso. Sin embargo, expresados los elementos andinos y hecho el esfuerzo para conciliar tales conocimientos ‘redescubiertos” con la realidad social, cultural y económica de nuestro país, se ve que no se alcanza a materializar plenamente, porque la realidad no es más que el producto de la gran sociedad en la que se inserta Bolivia. Y ello se traduce en la crisis actual, que entre otras cosas, ha se expresa conn la crisis alimentaria.

 

En suma, los paradigmas de desarrollo, el uno copia y el otro endógeno, tienen en común que no pueden enfrentar la crisis de alimentos. Si bien, los modelos o paradigmas, fueron y son una realidad, en el camino recorrido hasta hoy no se ha logrado construir un sistema productivo agropecuario solido que al menor temblor político retorne el estigma de la crisis alimentaria como el indicador de una sociedad en crisis.

 

Agradecimientos

 

Un sincero agradecimiento a los revisores del presente artículo que con sus sugerencias se ha permitido clarificar las ideas centrales del mismo.

 

  Cochabamba, 11 de abril de 2011

 

__________________

* Docente Departamento de Fitotecnia y Producción Vegetal, Facultad de Ciencias Agrícolas, Pecuarias, Forestales y Veterinarias “Dr. Martin Cárdenas”, Universidad Mayor de San Simón. Cochabamba, Bolivia. Email: cocamorante.mario@gmail.com

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